Posts Tagged ‘Género’

El género

agosto 23, 2009

He escuchado a muchas personas quejarse del machismo porque este lenguaje las borra (por ejemplo: el orgasmo femenino no existe) y las desprecia. Pero el ataque nunca se dirige al tipo de lenguaje empleado sino a los actos machistas que hay detrás. Puede que exista la violencia de género, pero alguien hay otra molestia que no se dirige a estos actos sino al propio lenguaje de los machistas. El problema puede analizarse en términos literarios: ¿qué tipo de expresiones construyen esta visión machista del mundo?. Entonces descubrimos un tipo particular de retórica, en cierta manera, estamos analizando estas expresiones como si fueran una obra escrita. ¿Qué estilo literario tiene entonces el machista? De aquí podemos lanzarnos a decir que el género es una cuestión de estilo (de género literario, de retórica) y podemos incluso dejar la idea pendiente de ser extendida a muchos otros lugares. (more…)

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J. Butler II. Variaciones sobre sexo y género vs Red de Mentiras. Acerca de la genealogía-

noviembre 22, 2008

En el artículo de J. Butler encontramos la posición de Wittig denunciando la sexualidad como algo dominado por las necesidades reproductivas de la sociedad. El sexo no sería sino heterosexualidad debido a la necesidad de asegurar la reproducción. Las diferencias sexuales que sostienen la polaridad hombre-mujer no serían sino una interpretación a la que estamos obligados al contemplar los cuerpos (de los otros y el nuestro propio). La tesis fuerte vendría a decir que “la diferencia sexual no tiene fundamento material”. Nos fijamos en ciertos atributos, pero al elegirlos estamos asegurando que lo que encontraremos opere obligatoriamente la distinción hombre mujer. Pues bien, no sólo la sexualidad estaría dominada por esta estructura, la cultura entera, la civilización entera estaría contruida según esto. En la película reciente de Ridley Scott, “Red de Mentiras” (Body of Lies), hay una frase espectacular, “if you are not thinking in pussy, you are not concentrated”. Quien la dice, Russell Crowe, organiza la defensa de la civilización. Está siempre en una tensión permanente (sin dejarse sin embargo arrastrar por ella, sin dejar de mostrar al mismo tiempo cierto aburrimiento). Pues bien, esta tensión que permite mantener la defensa de la civilización no estaría sino inspirada por la dualidad hombre-mujer. La misma civilización se fundaría entonces en esta noción hombre-mujer. Esta misma es sin embargo lo que quiere deponer Wittig. ¿No suena catastrófico tal objetivo?

La estrategia que sigue Butler en su artículo es recurrir al programa genealógico que comenzara Nietzsche y que continuara Foucault. La cuestión sería entonces: es posible que la construcción heterosexual sea la forma que haya tomado la civilización. Es posible que para ciertas etapas de su surgimientos, esta estructura haya sido un excelente regulador de la población, y es cierto que es posible que hayan triunfado las sociedades donde estos esquemas han tenido éxito. Ahora bien, ¿deben seguir funcionando?. La cuestión es importante. Un cohete sale de la atmósfera impulsado por enormes propulsores. Pero una vez llegado al espacio, esos propulsores resultan inútiles, es más, son soltados como lastre al llegar a cierta altura. ¿Se ha llegado a suficiente altura para prescindir de la dicotomía hombre-mujer? ¿Es posible emplear ahora otras formas de género?

Judith Butler. Variaciones sobre sexo y género. Beauvoir, Wittig, Foucault.

noviembre 22, 2008

Según Nietzsche, los conceptos con los que nos manejamos habitualmente tendrían un origen oscuro. Primero estaríamos expuestos a una experiencia convulsa pero poco a poco la iríamos enterrando bajo convenios. Ante tal efecto, tal respuesta. Las respuestas articuladas como convenios vendrían a ser los conceptos (ver “Verdad y mentira en sentido extramoral”). De esta forma, dichas construcciones no tendrían tanto que ver con la experiencia original sino con cierta forma de sobreponerse a ella, con convenios y acuerdos. Y como puede esperarse, donde hay convenios, hay fuerza y hay imposiciones. 

Así pues, cuando manejamos los habituales conceptos relacionados con la sexualidad, hombre, mujer, género, sexo ¿qué fuerzas hay detrás? Ya de entrada hay que referirse a Foucault, pues la idea misma de sexualidad es un concepto y podríamos realizar sobre ella la correspondiente genealogía que nos permitiese revelar qué hay detrás. En su “Historia de la sexualidad. La voluntad de saber”, Foucault hace una historia de esta noción. En el principio estaría una técnica inventada por el cristianismo para el manejo del pecado: la confesión. Durante la edad media esta técnica permaneció más o menos concentrada en torno a este interés. Más adelante, un interés público la incorporaría como herramienta de control de poblaciones. El estado moderno preocupado por la natalidad y otras variables -pues su futuro dependería del adecuado manejo del rebaño-, encontraría en la confesión el instrumento adecuado para obtener información para controlar a la población. ¿Con qué frecuencia se practica el sexo? ¿entre quienes? ¿qué métodos anticonceptivos se aplican? ¿qué relaciones de parentesco están fuera del sexo? ¿cuantos hijos tienen las familias y quienes son los padres? Para todos estos interrogantes la confesión se deja ver como un instrumento adecuado. Distintas disciplinas se apropian de esta técnica: se emplea en la medicina, la psicología, la psiquiatría, la sociología, la crítica política, la economía, etc. Todas estas disciplinas no harían sino trabajar en una dirección: la objetivación de la confesión, su racionalización. La materia de la confesión guardaría una relación con la verdad (detrás de lo que decimos habría una verdad) y su manejo permite control. Uno de los interese de todo este análisis es el control de la población. La sexualidad, a través de la confesión, se convierte en un instrumento de control, de instauración de un orden moral, de una política de natalidad, de una previsión militar, de un orden económico. La noción de sexualidad surgiría entonces a partir de todos estos saberes. Aunque no es posible señalar cauces a los que estos poderes estuvieran orientados, es previsible relacionar el nacimiento de la noción de sexualidad con la heterosexualidad. Sería un discurso dominante que estas ciencias tratarían de mantener. Opuestas a esta linea, que es especialmente interesante por el control de natalidad que permite, encontramos otras sexualidades limítrofes. El interés de esta estructura de poder a veces estaría orientado a instaurar la heterosexualidad, otras, sin embargo, a clasificar y encerrar las sexualidades exteriores. Un ejemplo podemos verlo en la homosexualidad. Con la multiplicación de saberes surgiría esta noción entre disciplinas como el derecho, pero también entre la psiquiatría y la medicina. Las sexualidades tangentes a partir de cierto momento no sólo serían penadas como simples actos delictivos (a veces sería señaladas primero por el derecho como actos delictivos, a veces por otras disciplinas como comportamientos desviados), sino que serían incoporadas a la propia esencia del sujeto. El homosexual deja de ser un individuo que simplemente ha cometido una falta. “El homosexual del siglo XIX ha llegado a ser un personaje: un pasado, una historia, y una infaincia, un carácter, una forma de vida; asimismo una morfología, una una anatomía indiscreta y quizás una misteriosa fisiología” La homosexualidad apareció como “una de las figuras de la sexualidad cuando fue rebajada de la práctica de la sodomía a una suerte de androginia interior, de hermafroditismo del alma. La sodomía era un relapso, el homosexual es ahora una especie”. Detrás de esta esencia, de esta recién aparecida figura de la también creada esfera que es la sexualidad, no habría sino una red de intereses, de estructuras, de presiones, de poderes operando. 

Vista la noción de sexualidad, ¿qué podemos decir de las nociones de sexo y género? En primer lugar, resumimos lo dicho: los conceptos, esto es, las esencias tienen detrás una historia turbulenta. Su uso frecuente no sería sino el olvido de todo lo que subyace. Por ello, podría entenderse que el uso de estos sistemas de esencias no hacen sino preservar las tensiones que subyacen a ellos. Es decir, las esencias no oculatarían sino una forma de dominación. ¿Qué intereses hay detrás de la dualidad sexo-género?

En primer lugar, cabe recordar el interés del uso de la noción de género. Otra dualidad anterior, hombre-mujer no estaría sino preservando un orden natural y un orden humano, asociando las mujeres al primero y excluyéndolas del segundo: excluyendolas básicamente de la política; por lo tanto, de la libertad y la autonomía. La noción de género tendría como objetivo crear un ámbito cultural que alojase la dualidad hombre-mujer (y en general cualquier otra opción). Como podemos ver, detrás de la noción de género hay también intereses. Los suyos serían los de la igualdad (cabría hacer una genealogía de este concepto también), es decir, su intención sería acabar con la dominación a la que ha estado sometida la mujer. 

Beauvoir se enfrenta entonces a la dualidad sexo-género. Para empezar analiza tal oposición desde el otra dualidad, la cartesiana diferencia mente-cuerpo. Para Beauvoir, al utilizar sexo y género bajo el proyecto cartesiano, la mujer queda identificada con el cuerpo, con lo otro, mientras que el hombre queda asociado con la mente. ¿Cual es el resultado? Pues bien, en Descartes, el alma es libre y la materia no. Resultado: tenemos una mujer atada al cuerpo y un hombre libre y autónomo. La mujer esclava otra vez más.

Por lo tanto, Beauvoir, busca otro modelo en el que alojar la dualidad sexo-género. Se acerca entonces a Sartre. Éste trataría de fundir en el cuerpo las nociones de cuerpo y alma, tratando así de escapar al cartesianismo. El cuerpo estaría dado y la propia existencia del cuerpo avanzaría como proyecto hacia nuevas interpretaciones del cuerpo. La elección del cuerpo y sobre el cuerpo (del propio cuerpo) llevaría a una evolución sin la necesidad de distinguir entre cuerpo y mente. (esta es la parte que menos conozco del artículo: la concepción de Sartre que toma Beauvoir). 

Beauvoir adoptaría esta cuestión de la existencia sartreana, del elegir, del proyecto como el movimiento en el cual el sexo se convierte en género. Es decir, tenemos un sexo dado y por interpretaciones y elecciones llegaríamos hasta un género. (Esto, por su parte, plantea el problema de si el género es dado culturalmente, es decir, si nos es impuesto, o si lo elegimos). 

Sin embargo, si hemos recogido la genealogía que hace Foucault en su “Historia de la Sexualidad” y hemos recordado lo qué hay detrás de las esencias, ¿podemos seguir aceptando la noción de sexo para crear a partir de ella la de género, es decir, podemos aceptar la noción de sexualidad natural? Wittig se pregunta, ¿acaso esta noción no era como el resto de esencias algo tras lo que se escondían intereses (por lo tanto, algo no natural)? Wittig señala que detrás de este supuesto sexo natural no habría sino intereses políticos y estructuras lingüísticas. La actividad reproductora estaría detrás del telón. Nosotros habríamos sido enseñados (algo no natural por lo tanto) a reconocer en cuerpos el sexo femenino y el masculino de forma natural. ¿Cual es la tesis fuerte de esta postura? “la diferencia sexual no tiene fundamento material necesario”. Es decir, serían posibles múltiples caracterizaciones, la que estamos habituados no sería sino una forma dominante impuesta por una estructura reproductora heterosexual. Todo sería cuestión de interpretación, y para Wittig, la heterosexualidad no es la más apropiada: “es un constructo que debe ser depuesto inetivablemente”. 

¿Cómo salir de esta cárcel de la interpretación heterosexual dominante? Cabría pensar que es necesario acabar con la interpretación en sí misma para regresar al jardín del paraiso, al sexo natural. Sería algo así como el polimorfo psicoanalítico. La opción que dan Foucault y Wittig es la contraria: la proliferación de discursos. Si hay un discurso dominante, escapar a él es posible por la via de la multiplicación de discursos. Esto es una invitación a la “innovación cultural”, a la generación de géneros nuevos. La meta sería una sexualidad no expuesta al poder por la infinita fragmentación que este ha sufrido. ¿Qué ejemplos de subversión tenemos? Wittig se refiere al del cuerpo lesbiano. En tanto que la mujer está definida por una sexualidad heterosexual (para Wittig esta es la única opción, aunque Foucault no comparte la existencia de lineas tan claramente identificables como dominantes sino la existencia de una mayor dispersión), la lesbiana no sería por tanto mujer. Estaría fuera del sexo: no es una mujer (esto es por tanto, pura subversión, un escape real y exitoso). Foucault nos recuerda también otro caso de subversión a los esquemas del sexo, y esta vez sin salir del marco de la heterosexualidad. Dentro de estas podrían darse la misma subversión que Wittig sólo reconoce en el cuerpo lesbiano. Para Foucault, un ejemplo es Don Juan: “ladrón de mujeres, seductor de vírgenes, vergüenza de las familias e insulto de los maridos y padres”. Efectivamentes, este personaje avanzaría contra todos los discursos que organizan la heterosexualidad. Don Juan es otro ejemplo de la proliferación de discursos, pero esta vez, en una dirección no necesariamente opuesta a la sexualidad. Esta proliferación, como podemos ver, no sólo es excéntrica, también podría dirigirse hacia el interior, hacia los pilares. 

El artículo puede leerse por tanto como una crítica de los sistemas esencialistas aplicados al género. Las esencias no hacen sino ocultar, y por lo tanto, mantener discursos dominantes. Serían un elemento de opresión. La salida que plantea J. Butler, no es sin embargo la de el abandono de las esencias, sino más bien, su proliferación hasta hacer imposible lo construcción de sistemas de dominación.

Red de Mentiras: mujer y civilización

noviembre 16, 2008

La civilización se inicia con el rapto de las sabinas: un poder constituyente que define la función mujer a la cual se unen quienes se adscriben voluntariamente o quienes son raptados. Este momento fundacional establece un monopolio de la mujer al que referirse como civilización. Red de Mentiras puede plantear un choque de civilizaciones, por lo tanto, un enfrentamiento de dos modelos de mujer. ¿Qué dos modelos podemos encontrar en la película?. En primer lugar tenemos uno que se muestra poco: el director de la inteligencia americana en Irak que dirige desde su teléfono movil todas las operaciones secretas en territorio enemigo a la vez que atiende sus labores familiares. La mujer que aquí encontramos está en territorio americano mientras su marido caza al enemigo en el territorio de este. Es una mujer que no tiene la experiencia de otros modelos de mujer. Una mujer, por tanto, encerrada en un mercado donde la función mujer está monopolizada: no hay otras opciones. Este modelo lo identificamos con la madre, con la esposa. El otro modelo es el que conoce Leonardo Dicaprio. ¿Es realmente un modelo distinto? Su personaje es el agente secreto que opera a pie de campo, es la punta de lanza del ejército americano operando contra el enemigo. Rusell Crowe es mayor, tiene canas y está siempre ajeno a la emoción: no experimenta goce alguno; la emoción no le está permitida. El amo no goza. Se dedica a preservar su manada, su modelo de mujer. Aunque no goza con ella, está siempre pendiente de ella: “if you are not thinking in pussy, you are not concentrated”. Pero a la hora de gozar, solo encontramos el placer de dominar, de poseer un harén. No hay goce de este harén más que por poseerlo. Dicaprio en cambio está abierto a emociones. Se enamora de una mujer y pretende entrar en su mundo. Si el modelo americano da una ley, una identidad bajo la cual constituir a la mujer, Dicaprio busca ser cobijado por una mujer. No quiere desarrollar su identidad en tanto que dominio, sino que aspira más bien a perder su identidad en el encuentro con una mujer.

Leonardo renuncia a ser creador de ley (de la función mujer), para incorporarse a las faldas de una. Es el que siente, el hombre que busca perderse en la mujer, más que el hombre que provoca a la mujer (ver el hombre que por momentos consigue seducir a Nicole Kidman en Eyes Wide Shut). Quiere ser amparado por la mujer más que dar identidad, ley a la mujer. Podríamos ver como Dicaprio, enfrentado con el primer modelo de civilización, prefiere no contribuir a extender su ley sino a entregarse a la de la mujer. Tendríamos un modelo de civilización que crea mujer, y la opción de Dicaprio que es, no alistarse a las filas del padre, sino ir en su contra: retornar a la madre. Un Leonardo edípico que prefiere volver con la madre a crear un espacio para la mujer; al alejarse tanto del padre (irak, demasiado lejos de casa), ha olvidado su ley, más aún, se ha vuelto contra ella. En Dicaprio se termina la producción de mujer, y por tanto, no hay en esta dirección ningún modelo de civilización. La película no trata de un choque de civilizaciones, sino de la resistencia a la civilización, es una salida ante el malestar en la civilización. Modelo de civilización, no habría más que uno, por lo mismo, modelos de mujer no habŕia más que uno. El resto no es más que pelear a la contra.