Posts Tagged ‘Filosofía Lenguaje’

Por qué no se puede explicar el lenguaje

junio 15, 2009

El lenguaje privado es siempre representativo, mientras que en el diálogo hay una pugna entre voluntades

La voluntad nunca puede ser representada. El lenguaje privado no puede comprender nunca la pugna ni puede preveerse a sí mismo cuando está en ella. El lenguaje (privado) no puede comprender su propia voluntad.

Mi idea sobre el lenguaje

junio 14, 2009

Creo que hablar sirve para una cosa distinta que mostrar cosas. El problema es entonces que para contarte qué opino del lenguaje voy a tratar de mostrarlo: ¿no acabo de decir que mostrar es lo que no creo que hace el lenguaje? Ahí está uno de sus paradojas: el lenguaje es capaz de sugerir cosas que no deja del todo ver o que, incluso, oculta. Pero sigo para no enredarme. (more…)

quiero poder (dicho con palabras)

abril 23, 2009

Me pregunta un amigo, -¿tienes algún problema con ponerle nombre a las cosas?-. Me quedo un poco asombrado porque es cierto que hay a ciertas cosas a las que me cuesta un poco ponerles nombres; deseos, anhelos y cosas así. Con lo demás no tengo demasiado problema. Eso es, tengo problema con poner nombres a lo que quiero, pero, ¿no es eso confesar? (more…)

Confesión y estados de cosas

abril 18, 2009

Me llega un mensaje en medio de la noche justo después de dejar un bar de camino ya hacia mi casa: -Sólo saber… somos solamente amigos?-. Esperaba poder contestar con alguna evasión, pero después opté por utilizar el lenguaje para decir lo que éramos. El problema es que decir lo que se es obliga a obviar que efectivamente es algo que se dice. Esto es, cuando ella y yo hablamos lo hacemos dentro de un esquema más o menos seductor, tratando de distraer al otro. Así hay giros y giros, metáforas, susticiones, giros temporales, etc. Todo introduce una pizca de malentendidos, de confusión, y así pasan los días. (more…)

La conferencia y la representación

abril 18, 2009

A menudo los conferenciantes hablan de cosas, informan sobre el estado de las cosas. Parece que sus palabras son como un mapa del tiempo informando sobre el clima de las distintas regiones. Pero incluso el mapa del tiempo es acompañado por alguien que nos lo cuenta en los propios informativos. Los que se atienden más que al estado de las cosas se olvidan de que están contando. Son personas que se han olvidado de que hablan. (more…)

las palabras y la espada

febrero 8, 2009

Las palabras son como una espada en el cuarto de estar. El filósofo
se regodea en la contemplación de esta herramiento, la cuida, la
admira, la odia, etc. Sin embargo, cuando sale al campo de batalla y
contempla el uso que dan a esa arma, la idea para la cual fue
concebida se espanta. El filósofo prentende separar la espada de la
batalla para la cual fue concebida. Toma el arma como algo
decorativo, util para el ensimismamiento. El desagrado que siente
cuando es obligado a salir de tal ensoñación para defender su propia
vida es el momento a partir del cual Nietzsche pretende desvelar el
proceso que llevó a la invención de la espada; no fue contemplación y
ensimismamiento sino odio, violencia y dolor.

musica y palabra

febrero 8, 2009

en la música uno puede realmente conocer su fondo. puede identificar una u otra figura de su interior. Y puede hacerlo porque la música es incontestable. muestra el fondo como tal y a él no hay nada que replicar. no hay contestación porque la música no está orquestada como comunicación sino como conocimiento. Las palabras, en cambio, al usarlas, siempre cabe descubrir en ellas un interés. Es dificil hablar y desprenderse de la sensación de que uno está buscando algún tipo de reacción, de efecto, de fin. Cuando uno habla siempre las palabras son dichas en relación con un fin que nunca entra en las propias palabras; un fin externo a ellas. Las palabras están preparadas para la comunicación, esto es, para la dominación. Aunque uno escriba o hable solo, orquesta en el discurso intereses que no pueden ser dichos. La música, al no permitir una respuesta, al no estar preparada para la comunicación, sólo puede mostrar. 

Aranzueque,lenguaje nietzsche

febrero 5, 2009

El paso del signo musical al signo retórico implica dejar de valorar en uno mismo cualquier rastro de sujeto independiente de los ajustes sociales.no hay nada que buscar,ninguna infancia a la que retornar,nada a lo que esperar.persuade y se persuadido.no hay nada más.
No hay ningún sujeto,nada mío ni que deba ser mío o deba buscar.
Tampoco tiene sentido quejarse,pues no hay nada propio.todo está por decidir.

nada está escrito

Nietzsche: el consenso del concepto

noviembre 24, 2008

Uno puede va por la calle y se fija en alguien, una mirada, un gesto, algo capta la atención. Yo entiendo que esto es a lo que Nietzsche se refiere por intuición. Un deseo repentino, como un relámpago. A veces más fuerte, a veces menos. La atención de uno gira hacia ello con más o menos interés. Entonces, uno puede perseguirlo, querer tenerlo aquí y ahora, o puede reservarse. Lo primero sería lo que Nietzsche llama el hombre intuitivo. Uno se acerca y actua. No hay apenas meditación, es inmediato. ¿Qué ocurre con esto? Que uno se puede quedar sin su objeto intuido, puede ser reprendido, o quizás no. Nietzsche dice que el hombre intuitivo “sufre con más vehemencia cuando sufre; incluso sufre más a menudo porque no sabe aprender de la experiencia y tropieza una y otra vez con la misma piedra en la que ya ha tropezado anteriormente. Es tan irracional en el sufrimiento como en la felicidad, se desgañita y no encuentra consuelo”. Por otro lado, uno al encontrar eso que le ha interesado, puede mantener una distancia. Esperar un poco, mirarlo un poco más, pensar con algún detenimiento qué es lo que le gusta, mostrarse entero, en definitiva, uno puede fingir. Es una forma de autocontrol que permite calcular la respuesta, ordenarla, acompasarla con las normas sociales, con la contención del entorno. Con esto, el hombre estoico, tal como lo llama Nietzsche, no hace sino convertir esa primera intuición de algo que le atraía, esa mirada, en algo que no necesita ser actuado con inmediatez. Hay una pausa, una tregua que permite preparar la reacción. Ésta por tanto tomará una cierta forma de consenso. Se prepara teniendo en cuenta otras cuestiones, minimizando quizás las molestias, buscando emanciparse del engaño, tratando de protegerse de las incursiones seductoras. En definitiva, el impulso inicial que llamaba a ser actuado inmediatamente es convertido en un concepto. Y esto ocurre según un consenso, según un cierto fingimiento, pues lo que ahora se actúa nada tiene que ver con la inmediatez primera. Construida tal estructura, se olvidaría lo original, aquel impulso que llamaba a la inmediatez. El concepto no sería sino el pacto que permitiría olvidar, enterrar el impulso. Tal concepto no sería entonces una relación con la que originalmente resultó interesante, seductor, sino más bien con todo el resto tranquilo del mundo. Se pierde en intensidad, se gana en estabilidad. Pero esto no es más que un consenso, un juego de fuerzas. Una huida y un miedo del impulso. Donde hay concepto, hubo temor.

Nietzsche. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral

noviembre 2, 2008

RESUMEN: El hombre conceptual es un actor que ha olvidado su mentira; vive en el concepto. Volviendo a Kant, parece posible que este hombre estoico sea el resultado del entendimiento propiamente humano que elabora conceptos. Pero el hombre impulsivo, ¿cómo situarlo en el esquema kantiano? Pudiera parecer que al apartarse de los conceptos tratase de volver hacia la cosa en sí. Recordemos como para Kant los intentos de ir más allá de los sentidos eran infrucutosos y… eran los de la teología. Claro que estos intentos eran conceptuales. Lo que Niezsche se propone es llegar hasta la cosa en sí, como la teología, pero sin emplear los conceptos.

x x x

Nietzsche le da la vuelta al guante kantiano. Ciñendose a la suave superficie se atreve a mirar dentro donde el guante es no liso sino peludo, y entonces se pregunta, ¿cómo ha ocurrido el tránsito de ese interior peludo a esa superficie lisa? Pues bien, Nietzsche comienza por el lenguaje: “¿concuerdan las designaciones y las cosas? ¿Es el lenguaje la expresión adecuada de todas las cosas?”.

Para Nietsche el lenguaje es producido mediante una doble operación. En primer lugar el impulso nervioso (no la realidad, la cosa) es convertida en imagen, y después, esta transformada en palabra. Las palabras ya de por sí no se refieren a la realidad sino a los sentidos (esto es ya kant y el fenómeno). Y ocurre de una manera salvaje, eléctrica. Esto sin embargo es remediado, pues para Nietzsche el hombre detesta este estado y rápidamente establece sobre estas palabras repeticiones, esquemas que olvidan su causalidad eléctrica inicial independizandose de ellas. Los conceptos son así pues la independencia del estimulo inicial que formaba el lenguaje. Frente a la espídica e instintiva correinte eléctrica el hombre instituye un edificio de conceptos que nada tienen que ver con este momento inicial del lenguaje.

Así los conceptos son una generalización que nada tiene que ver con el momento inicial del lengujae. Generalización es un caso que vale para todos pero que no es ninguno de ellos. Entonces el concepto es olvido del origen (o primer estadio, que era un estadio impulsico). La verdad aflora entonces como el convenio, el acuerdo por el uso (y aquí podrá entrar Foucault: el uso es enfrentamiento, la verdad nace de la centella entre dos espadas que se golpean, entre dos espadas en uso) y el acuerdo de olvidar un origen hace posible que surja la verdad. Una verdad que en cualquier caso nada tiene que ver con la verrdad de la cosa en si.

Donde Nietzsche apunta es a la dificultad de paso entre la cosa en si y la construcción del hombre. Tal vecindad entre el hombre y el mundo no hace sino poner al hombre en el lado de la mentira. Se pone de acuerdo sobre algo que no es el mundo y lo toma como si lo fuera. Es decir, a sus conceptos pétreos, que han quedado desligados de una verdadera realidad que es impulsiva eléctrica y agitada, los utiliza por convenio para construir una verdad acordada. Este acuerdo no es, de esta forma, sino una mentira cimentada sobre un magma inestable.

Pero la raiz de todo esto está en el punto en que recuerda Nietzsche de Kant: sólo conocemos de la cosa aquello que previamente hemos puesto en ella. Esto quiere decir, que desde la verdad de la cosa en si hasta la verdad del hombre no hay ningún tránsito sino más bien una ocultación. La verdad por convenio del hombre es lo que previamente ha puesto en el objeto y no nada perteneciente al propio objeto. Volviendo al guante, Nietzsche no hace sino revelar que no hay ningún paso del interior peludo del guante al exterior liso y brillante. Lo único que se ha hecho es aplicar el barniz sobre superficie que ha aplastado todas las vellosidades. El barniz no es humano, sino todo lo contrario. Todo lo más humano que se puede ser son los pelos del interior.

La idea kantiana de un entendimieno a priori, independiente de la experiencia, sirve a Nietzsche para denunciar una verdad igualmente independiente de la cosa en sí. Pero Kant, nunca defendió una verdad de la propia cosa en sí. Incluso, la fórmula de la verdad que opera en Kant puede entenderse como verdad pública, es decir, una verdad universal. Tal generalidad no la adquiriria sino por una fórmula ética, la del imperativo categórica. La verdad, como el deber, debe ser aquella que sea universal, válida para toda la humanidad. La denuncia de Nietzsche no hace sino hacer de esta posibilidad de convenio una enorme ofensa. ¿Contra quién? Contra un supuesto hombre original, anterior al entendimiento, hombre “tan irracional en el sufrimiento como en la felicidad que se desgañita y no encuentra consuelo”, entregado al devenir, a la irracionalidad, al sufrimiento, y por todo ello, a una verdad igualmente original, la de la intuición. Todo esto no es sino una añoranza de una relación directa con la cosa en sí anterior quizás a la prohibición que Kant instituyera. Nietzsche no haría sino reclamar la viviencia, como post-kantiano, lo que Kant prohibió conocer a la teología. El proyecto Kantiano, propio del hombre, estaría preñado de una humanidad detestable. Sólo volviendo atrás avanzando hacia la cosa en sí es posible encontrar al hombre. En la distinción kantiana, el filósofo de Konisberg asigna al hombre la dirección marcada por el entendimiento. Nietzsche no hace sino invertir la flecha y señalar todo producto del entendimiento, que le es absolutamente propio, no es sino contaminación para sí mismo. El verdadero hombre está en la otra dirección, en el avance hacia la cosa en sí, es decir, en la huida del propio entendimiento.