Posts Tagged ‘El cuerpo’

La inteligencia del cuerpo helado

marzo 1, 2009

En Klossowski, Nietzsche y el circulo vicioso, hay una propuesta interesante: devolver al cuerpo su inteligencia. La cuestión consiste en recuperar la vivencia de ciertos impulsos. Pero con ello no pretendernos convertirnos en el bobo que sigue ciegamente su pulsión sexual y se queda en medio de la fiesta mirando callado (tímido dirán unos, pero Freud nos avisa, más bien es un salido: la pulsicón es muda) a la persona que ha provocado su excitación. Se trata de acceder a la pulsión sin perder la lucidez. Salir de la conciencia pero sin convertirse en un bobo (more…)

Nietzsche 2/3

febrero 20, 2009

La segunda entrega de la serie, Nietzsche y el más allá, explora la posibilidad de trascender el modelo apolineo-dionisiaco, presentado en El nacimiento de la tragedia, desde dos perspectivas distintas. El análisis presenta dos perspectivas que tratan de avanzar más allá de los límites del lenguaje, por un lado desde el signo y el lenguaje y por otro desde el cuerpo y la conciencia.
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las palabras y la espada

febrero 8, 2009

Las palabras son como una espada en el cuarto de estar. El filósofo
se regodea en la contemplación de esta herramiento, la cuida, la
admira, la odia, etc. Sin embargo, cuando sale al campo de batalla y
contempla el uso que dan a esa arma, la idea para la cual fue
concebida se espanta. El filósofo prentende separar la espada de la
batalla para la cual fue concebida. Toma el arma como algo
decorativo, util para el ensimismamiento. El desagrado que siente
cuando es obligado a salir de tal ensoñación para defender su propia
vida es el momento a partir del cual Nietzsche pretende desvelar el
proceso que llevó a la invención de la espada; no fue contemplación y
ensimismamiento sino odio, violencia y dolor.

el cuerpo divino

febrero 8, 2009

El sexo, practicado desde la pertenencia a una comunidad, tiene sus
reglas, sus tiempos, sus roles, etc. Parece que el arrebato, el aquí
te pillo aquí te mato, aunque es posible, no es la lógica habitual.
Hay un proceder para que los cuerpos puedan tratar entre sí. Hay unas
pautas para mantener a los cuerpos en su lugar, para que no se
extiendan al resto del tiempo. Los cuerpos deben permanecer en el
tiempo de los cuerpos. El día está organizado y al cuerpo se le
reserva unos instantes. Durante el resto del tiempo no se puede ser
cuerpo. Sacar al cuerpo de ese horario tiene el peligro de contaminar
todo lo demás. El cuerpo debe ser tratado como un sacrificio. Hay un
ritual: se sale, se bebe, se distorsiona el discurso, se permiten
excesos de dominio en estrategias de persuasión y entonces, ya se
deja al cuerpo aparecer. Como si fuera algo sagrado, el cuerpo sólo
puede ser tratado cuando se han instaurado las medidas preventivas
necesarias. Uno investido como sacerdote de su propio cuerpo, puede
ganar cierta distancia para tratar con él. Es necesario poder escapar
del cuerpo, poder poner fin a esa lógica del deseo. La tradición
colabora a fundar estos límites.