Posts Tagged ‘Discurso’

El Fedón: la realidad de lo dominante

octubre 7, 2009

La pregunta por el motivo que nos lleva a juntarnos puede desplazarse a otra, ¿qué ocurre cuando nos juntamos?. Aquí quizás sea inetivable aludir a la aparición de un orden. Cuando nos juntamos la coordinación o descordinación es el resultado de ordenes que logran extenderse al grupo o que por lo contrario, no logran hacerlo. Desde esta perspectiva, cabe preguntarse por lo que ocurre en el diálogo platónico dle Fedón. ¿Qué ocurre la última tarde de la vida de Sócrates? (more…)

Uno mismo y el relato

agosto 9, 2009

¿Que devuelve a uno a sí mismo (sea esto lo que sea)? Sin duda ponerse a hablar. Prueba lo siguiente con tu interlocutor: -Háblame de, digamos, Madrid, durante 5 minutos. Dime lo que quieras, yo te escucho.

En este gesto tan simple que hace a uno reconocerse con sus palabras está uno mismo. Por supuesto la música y otras cosas no hacen sino desmontar el resultado de esta práctica. Siempre, claro, se puede elegir.

FONDO DE SACO: La legitimación del discurso

enero 24, 2009
Hay ciertas experiencias que legitiman producir discurso. Uno cumple con los requisitos y puede hablar imponiendo sus palabras. Un caso fuerte es un gol en el futbol: marcan y puede gritar y apabullar al rival. El gol otorga libertad de producción y sumisión de los otros a esa linea legitimada. 
Lo mismo ocurre a la salida de un examen, a la salida de un partido de futbol. El resultado legitima para apabular con la alegría o para estar triste. 
Las mujeres también son un caso. Si un hombre sale y se liga a una chica, puede callar las voces de los otros. Está legitimado para imponer su discurso sobre los otros que no consiguieron la mujer. La idea es que se regula el dominio mediante prácticas previas al discurso.
Otro caso reciente es la jura de gobierno de Obama. Verter ese discurso sobre todas las orejas del mundo está legitimado por un proceso anterior. Hay prácticas que velan por el alcance del discurso. Sólo superando ciertos requisitos es aceptable someter al otro. Otro caso son los profesores. Su posición les legitima para que te taladren la cabeza (como una madre) sin posibilidad de contestación (como un padre). Pero no hay un sometimiento puro al discurso, un enfrentamiento solo en la palabra. Cuando esto ocurre, cuando uno habla sin estar avalado, reconocerá la cara de incomodidad en el interlocutor. Una mueca de dolor y desagrado lo toma. Ha sido tomado por sorpresa. Si no hay credencial, no hay derecho a hablar. Pero, estamos obligados a hablar. No debería ser un derecho a ganar el hablar, y sin embargo, lo es.
La conclusión es: el habla, el discurso está ferreamente controlado por diversas prácticas que establecen los límites de persuasión. No se puede persuadir en una clase, pero si por la noche. (aunque esto es relativo). La cuestión es: ¿nos atrevemos a enfrentarnos con el habla directamente? ¿qué pasa si prescindimos de la normalización del habla? Podemos acabar entonces en el diván para comprobarlo.

Profesores, culpa y poder

noviembre 20, 2008

Hoy he tenido que hacer en clase una exposición de un artículo de J. Butler. He tenido que salir ahí: a ocupar el lugar del profesor.

Lo primero: un montón de miradas pendientes de tí. Es decir, mucha gente demandando algo. ¿Cual es el miedo? Pues el de no poder satisfacer esa demanda, no dar al otro lo que espera de tí. Por eso me resultaba tan dificil parar de hablar 3 segundos. Un silencio significa dejar al otro sin lo que quiere. Esto es justamente lo que tanto me cuesta en las relaciones personales: no dar al otro lo que espera de mí. Y en las clases no es uno sino una multitud demandante. Hay que salir de ese lugar que es el del que cumple con las expectativas. Un poco como el bebé que hace todas las carantoñas que su madre quiere, que es todo lo que su madre quiere. 

Despues, poder: la exposición ha seguido el itinerario que ocultaba lo que no sabía. He dicho cosas sobre autores que no he leido, y nadie ha rebatido nada. Estaba ahí sostenido por algo. El lugar del profesor, el edificio, la universidad. Parece que todo está dispuesto para que en cada una de esas clases alguien ocupe un lugar de poder. Y ese poder no viene dado por el saber en filosofía (en mi caso), sino más bien por toda la disposición espacial, por la arquitectura. Mi discurso no ha sido más que un esfuerzo oscuro por ocultar lo que no sabía. Estaba alzado por la arquitectura y construía un discurso pretendiendo ocultar que mi posición venía dada por otras cuestiones que mi saber filosófico. Uno puede preguntarse, ¿no será la filosofía el esfuerzo por justificar una cierta forma de poder? Es decir, uno alcanza cierto poder y lo justifica con un sistema conceptual que no es accesible al alumnado. 

Es más, cuando eres profesor, parece que tienes el derecho a llevar la clase por donde te apetezca, es decir, que tienes legitimidad para ocultar lo que no sabes. Todo está pensado por mantener una posición de poder: la del profesor. Pero no se anima, sin embargo, a la creación de discursos buenos. Es decir, la universidad anima a crear una posición de poder, la figura del profesor, pero no un discurso poderoso. Este vendría a formarse por la confrontación con los otros. Eso en las clases no ocurre. La figura del profesor está dispuesta para que pueda ejercer el poder sin necesidad de afilar su discurso, sin necesidad de probarse contra otros. 

 

Tercera cuestión: ante el poder que uno tiene, hay que ejercitar las facultades de limitarse. Es decir, hay que limitarse a lo que los otros, a los que escuchan. Porque uno puede irse por las ramas utilizando su poder despóticamente. Para no caer en eso hay que limitarse constantemente. 

 

Volviendo a la cuestión anterior: la disposición que permite ejercer el poder al profesor crea en él una culpa. Uno tiene poder y inmediátamente tiene culpa. Ocurre cuando uno tiene más poder del que puede mantener, es decir, uno es revestido de un poder al que no puede ponerle límites. Entonces uno es inevitablemente tirano, al menos un poco tirano. Pues bien, el sujeto que uno es mientras hace de profesor no es sino el esfuerzo por purgar un poder del que es revestido cuando ocupa ese lugar. Ese ejercicio de poder genera culpa. El sujeto que uno es en la pizarra es el trato que uno tiene con esa culpa.