Dos apuntes al Fedón

Rumiando el artículo anterior, dejo de pasada dos cosas. Quizás sea peor ponerlas por escrito por eso de que, de esta forma, en cierto modo, se olvidan, y con ello, quizás se interrumpa la digestión.

Epistemología y alma
La primera de ellas tiene que ver con el proyecto epistemológico que funda la noción de alma que Sócrates explica. A partir de Kant, es posible una epistemología que recorta lo que podemos conocer. Tuve que suprimir el saber para dejar sitio a la fe. Pues no sólo. El alma queda como un ideal organizativo del saber, pero no como algo cognoscible en sí. Es quizás la enseñanza opuesta a Sócrates: la epistemología no puede fundar la noción de alma. Podría decirse que se sirve de ella para organizar el saber, pero sin llegar a saber nada de ella. No hay por tanto un saber del alma, más aún, la imposibilidad de conocer el alma, entre otras cosas, es condición de posibilidad del saber. Sócrates puesto al revés: que sepamos ya no es condición de posibilidad del alma. Más bien, sabemos y lo que sabemos es que no sabemos nada del alma. Así pues, nada de una epistemología que justifique al noción de alma

Horizontes del orden
En segundo lugar, el proyecto de orden Socrático. La incorporación al cielo platónico de la dicotomía cuerpo y alma está al servicio de un proyecto político: la polis. Los ciudadanos viven de acuerdo al entendimiento, pero no sólo. Cualquiera sabe en cuanto revisa su vida, cuánto intervinen las pasiones y los deseos en las decisiones que toma. Así Platón ve necesario que el intelecto legisle sobre estos registros que pertenecen al cuerpo. Si el alma no domina al cuerpo no podrá haber un proyecto de comunidad.

La propuesta, como explica Platón en La República, funciona en dos niveles. Por un lado, el alma controla el cuerpo, por otro, los estamentos más racionales de la ciudad controlan a los más impulsivos. En Sócrates podemos estar viendo no sólo el control de un individuo en el momento de su muerte sino también una alusión al problema más general de la ciudad: ¿hasta que punto debe el control extenderse? La propuesta platónica es contundente: no hay nada, ningún proyecto de comunidad, más allá del control. Esto es sin embargo rebatible, y pueden decirse un par de cosas al respecto:

La primera tiene que ver con el descanso de este órden. Uno puede pensar que hay un momento para el descanso, salir a tomar una caña, emborracharse o simplemente dejarse llevar por la música. Pues no. Para Platón esto no entra dentro de la comunidad. Hay una experiencia muy grata que a menudo llena de ánimo: la experiencia de la última curva. Cuando uno está a punto de concluir algo, cuando ve que queda poco, entonces se llena de fuerza para seguir, para terminar y quizás, no para un descanso, sino para algo más, para salir de esta lógica. Pues bien, esta es justo la situación que vive Sócrates: la última curva. La respuesta Platónica debe ser, sin embargo, desoladora para quien juega a la quiniela: no hay una lógica fuera de la presente. Ni la muerte, ni el dinero, ni la última curva abren el espacio de un pequeño paraiso donde entregarse a cierta forma de desorden. Hay que pringar hasta el final. Como dice Lacan (recogido en un artículo de Enrique Lynch),

lo heroico es llegar al final, abandonado por todos, solo y cansado y resuelto a morir

Paradógicamente aquí recogemos de nuevo la intención de Sócrates de reconocerse como un ánimo. Quizás esta sea la forma adecuada de leer la heroicidad: no tanto por mostrarse valeroso ante la muerte sino de aguantar el orden hasta el final. Para Sócrates el filósofo se ejercita en la muerte según dice él, y por ello no la teme cuando llega. No así otros que se muestran valerosos ante la muerte siendo su valor el que les hace mantener la compostura ante el temor que les infunde. Sócrates no teme, su mérito no es por tanto vencer un miedo sino simplemente mostrarse fiel al orden.

La otra cuestión tiene que ver aquello que queda después del proyecto del orden. Está claro que para Sócrates no hay nada; es por eso mismo que acepta la sentencia de muerte renunciando a escapar. La vida en comunidad sólo puede vivirse dentro de ella. No hay ni una opción fuera de la lógica de la vida más loca a la que se resiste durante todo el diálogo, ni una opción para la vida fuera de la comunidad. Como luego explica Platón en La República, el alma y la ciudad funcionan como una analogía.

Pero lo escandaloso es la última frase de Sócrates, Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Lo primero, como preámbulo es una invitación a recordar cuantas veces uno sale de esta lógica del orden que Sócrates se impone a sí mismo y por extensión a la propia ciudad. Existen tópicos del humos acerca de lo que uno hace fuera de este orden. Con Nietzsche podríamos poner la propia tragedia como una lógica puramente exterior a esta que propone Sócrates. Esta está en el lado más artístico, pero hay, sin duda, muchas otras acciones fuera de este rigor que construyen toda una cultura y … una forma de comunidad. Con Nietzsche podríamos incluirlas dentro del grupo música-tragedia como aquello elementos que muestran la verdadera realidad. Contra la idea platónica del bien-belleza-justicia como elementos primeros de la realidad y por lo tanto, reconocibles en ese orden que Sócrates muestra, podemos apuntar a Nietzsche y a la triada música-danza-pulsión como elementos más propiamente reales. La base de la polis no sería entonces tanto el orden interminable del que Sócrates hace gala ante la muerte sino más bien otro que comienza cuando éste termina.

Pero la segunda cuestión acerca de este orden no Socrático atiende a otro motivo que además de las pulsiones apolineo dionisiacas, sirve a Nietzsche para justificar la moralidad y, por tanto, cierta forma de comunidad. Lo que queda fuera de la comunidad, de la vida, de la experiencia del orden socrático, son un par de gallos. Lo sorprendente es que son una deuda contraida por Sócrates y Critón. Es supuestamente la deuda lo que construye, en La genealogía de la moral, la conciencia (y con ello la posibilidad de una moral) y al mismo tiempo la capacidad del hombre en tener ideales y.. creer en ellos. El ateo es el que no tiene deudad, pero el que las tiene se incluye a si mismo en un proyecto de comunidad. Es un fallo terrible de cálculo dejar fuera del orden de la polis la deuda. Nietzsche verá aquí el fundamento de toda moral. Contra la propuesta platónica de una polis fundada únicamente en el órden socrático, cabe proponer dos alternativas muy distintas: una fundada en el deorden (experiencia dionisiaca), la otra fundada en una moral construida según la deuda.

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2 comentarios to “Dos apuntes al Fedón”

  1. laurachacon Says:

    Algunos esperan nuevas publicaciones 🙂

  2. John933 Says:

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