Museums don´t go through

Entre el mundo y uno no hay nada, uno puede acercarse todo lo que quiera o puede mantener cierta distancia. El primer de los casos es el del sultán que fascinado por una bailarina la obligaba a quitarse una y otra prenda hasta desnudarla. La búsqueda del objeto va más allá de cualquier límite. Podemos así distinguir dos tipos de placeres, el que tiene que ver con detenerse ante un límite y aquel que los traspasar todos. El primero es el placer de not knowing where to stop. El sultán de nuestra historia pertenece a este grupo y como cabe de esperar, ni siquiera el desnudo de la bailarina es motivo para detenerse; tras quitarse la última prenda el sultán ordena a sus soldados despellejar a la bailarina para buscar su objeto de deseo más allá de la piel. Desde luego, el sultán no había leido la Crítica del Juicio de Kant; si así hubiera sido, quizás habría buscado su objeto no tanto en el exterior, esto es, en el propio objeto exterior, valga la redundancia, sino en su interior. La segunda clase de placer tiene que ver con un límite más o menos arbitrario. La pasión por el límite, passion for containment, supone asumir algún punto en el que pararse ante el mundo. Ambos caminos son fuente de placer y no cabe aquí elegir uno u otro. Es oportuno, sin embargo, referir este problema a la pregunta por qué es un museo.

Una manera de comprender el arte consiste en verla a través del dispositivo del museo que en este sentido no hace más que definir un marco en el cual es posible la obra de arte. El museo es el límite que permite al espectador contemplar al mundo; es por tanto, un lugar para que el sujeto se convierta en sujeto de contemplación. Construye prácticas que hacen posible y legítima la contemplación. La función más importante del museo es entonces la da acotar la obra, reservar un espacio para ésta, al cual el espectador no puede atravesar. Robert Frost dice, the best way is always through. El museo es la práctica más contraria a esta actitud, podría decirse entonces, the best way is facing it. No se trata de atravesar hacia el objeto como hace el sultán sino de mantenerse ante él, de plantarle cara.

El museo dispone de varias estrategias para construir el límite desde el cual mirar. Desde el edificio y la seguridad en la entrada hasta los vigilantes de sala y los cordeles que obligan a una mantener una distancia respecto de la obra, el museo construye una disciplina desde la que mirar. El dispositivo más importante es, después de los anteriores, el marco. Es el límite último que no sólo ordena una distancia respecto de la obra que rodea, sino que indica con ello cual es el objeto ante el cual el sujeto puede entregarse a la contemplación. El museo, podría decirse, trata de ostentar el monopolio de la contemplación. Pone en juego una serie de recursos al servicio de la creación de un objeto. Es una sofisticada ordenación de procedimientos que construyen un límite desde el que mirar. Sin duda, el funcionamiento del museo puede sacarse del museo. Quien quiera darse un respiro respecto del placer de no saber cuando parar y prefiera en algún momento disfrutar de la contención, puede mirar al museo para aprender cómo construir el límite desde el que mirar. Sólo desde una distancia construida con estas u otras estrategias es posible reparar en el objeto. El museo no solo nos muestra obras sino, más importante, una forma de mirar que puede sacarse del museo.

El recurso más popular, es, el marco. Además de funcionar como una advertencia para no tocar aquello que ocupa su interior, el marco nos dice dónde mirar, esto es, qué objeto debemos atender. La moda no es, en definitiva, más que una forma de enmarcar, de señalar y construir objetos; señala a una persona entre una multitud, crea el culo, los labios, los ojos, e incluso los pies. El procedimiento es común con el museo, se aisla algo y se lo convierte en objeto. Una y otra práctica hacen objetos. Tanto el marco como la lencería, por ejemplo, se ocupan de crear fetiches. La exigencia es siempre la misma, not going through, es decir, no hacer caso de la máxima de Robert Frost. Ambas prácticas no son más que límites que el sujeto debe seguir para construir el un objeto; son prácticas que legitiman los límites. Quien disfrute del objeto debe saber que éste sólo aparece si respeta el límite. El placer no está tanto en el objeto en sí, sino en el límite, its a passion for containment.

Duchamp lleva esta idea casi al límite en su obra Étant donnés. Lo que vemos en un primer momento no es más que el marco de la obra:
duchamp_etant-donnes201
Aunque la obra puede pensarse como algo perversa, puede ser vista como todo lo contrario: a través de la puerta puede verse la obra:
duchamp-etant-donnes-part-1946-66
A través de la puerta, puede verse la figura de una mujer desnuda tendida entre la maleza. La obra, a pesar de su contenido es todo marco, todo límite. Quien se coloque ante ella sin mirar por el agujero, o después de haberlo mirado, no ve más que un marco, sólo ve el marco. En realidad no puede haber un procedimiento más fuerte para la construcción del objeto: retirarlo de la vista. Hemos visto que esta misma es la función de la cortina: retira de la vista la figura y con ello lo construye.
Ingre,_Grande_Odalisque
Duchamp no hace sino retirar a la mujer del cuadro de Ingres para dejar sólo la cortina: el objeto desaparece y sólo queda de el dispositivo que define la distancia. La puerta de Étant Donnés pone de manifiesto el mecanismo mismo en que consiste el museo: el límite para la contemplación. Sólo desde estas prácticas que definen una distancia es posible ver la obra de arte. Contemplar la puerta no es distinto a entrar en un museo para el que hemos comprado una entrada, en el que respetamos el silencia, la distancia que nos marca el cordel, pero.. sin obra alguna
en el recinto. La puerta de Étant Donnés es un museo vacio. Lo que aprendemos en esta institución es que el placer viene de esta contención sin que sean necesario ningún tipo de obra, ningún tipo de objeto. Es esta distancia la que lo crea y con sólo mantenerla es posible un tipo de placer: passion for containment. El objeto es del todo prescindible.
Ahora bien, para quienes encuentren tan placentero ir más allá del objeto, para los que cuando salen no saben parar de beber y ven en cada copa más la persecución del deseo, para los que no tienen los pies en la tierra y están consumidos por el horizonte, Duchamp prepara una sorpresa. La segunda parte de la obra consiste en la posibilidad de ver en qué consiste el objeto.
lyotard1_big
photo_etant_donne
La sorpresa para quienes intenten seguir la máxima de Robert Frost atravesando la puerta es lo que hay detrás. El objeto sólo es posible desde un límite. Si lo atravesamos al otro lado no encontramos lo que buscábamos. Aquí ya no está aquello que inquietaba nuestro deseo, el objeto de deseo; aquí solo hay maderos, hierbajos y un par de planchas en perspectivas poco reales. La verosimilitud del objeto, su realidad viene dada por la tensión en la distancia desde la que miramos. Más allá de ella hay cosas, si, pero no está el objeto. El sultán que arranca la piel a la bailarina sólo puede descubrir que ha perdido su objeto de deseo. El mundo no es más mundo por vivirlo más de cerca. Aquí hay otra foto del dispositivo:
image-baquie
Lo que se ve a través de la puerta, esa cohesión de la imagen se descompone cuando tratamos de alcanzarlo. Hay cosas pero no ya un objeto. Se ha cumplido sin embargo con el impulso que impelaba a ir más allá. El único problema es que ahí no encontramos ningún descanso. Quien tolera el límite tiene un objeto ante el cual sentir una tensión. Quien prefiera no sentir esta tensión, puede atravesar hacia el otro lado: se libra de la tensión, pero pierde el objeto. Tendrá que continuar bebiendo sin que el agua pueda nunca calmar su sed.

Un giro algo enigmático es el que da Courvet en L´Origine du Monde:
gustave-courbet-lorigine-du-monde-1866
El reto aquí es pensar si hay o no hay un límite, pues toda la obra parece haber saltado las distancias internas a la obra para la representación. Evidentemente, seguimos teniendo marcos, bien sea el de la pantalla del ordenador o bien el propio marco de la obra que a menudo no aparece en las imágenes:
bb97b71cc1c171c31284e32e11274e1c_88d
Hasta aquí podemos leer.

Anuncios

Etiquetas: , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: