El impulso y el egoista

Se puede decir, como Nietzsche en El nacimiento de la tragedia, que el impulso tiene una naturaleza no lingüística, algo así como una fuerza que te atraviesa y que uno no puede controlar. Entonces podemos identificarlo con un hacer inetivable del que uno no es consciente. Pero hay otra aproximación, consiste en decir que es el ánimo de hacer las cosas sin el consenso del otro, es decir, a la manera de un tirano o un niño pequeño. El impulsivo es el que no tolera ni cuenta con el otro. No se trata entonces de ninguna fuerza inconsciente que atraviese a uno sino de un momento en el cual uno quiere hacer las cosas a su manera, como le viene en gana, sin importarle ni considerar al otro.

El único punto conflictivo con la interpretación de Nietzsche es la comunidad que se crea entre los impulsivos. Los figuras dionisiacas comparten una unidad en la que la individualidad de cada uno se desvanece. No hay personalidad sino una hermandad que se mueve junta al son de los impulsos. El tipo de impulso al que yo me refiero es más bien el del egoista, un crecimiento desmesurado del ego más que su disolución.

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