El género

He escuchado a muchas personas quejarse del machismo porque este lenguaje las borra (por ejemplo: el orgasmo femenino no existe) y las desprecia. Pero el ataque nunca se dirige al tipo de lenguaje empleado sino a los actos machistas que hay detrás. Puede que exista la violencia de género, pero alguien hay otra molestia que no se dirige a estos actos sino al propio lenguaje de los machistas. El problema puede analizarse en términos literarios: ¿qué tipo de expresiones construyen esta visión machista del mundo?. Entonces descubrimos un tipo particular de retórica, en cierta manera, estamos analizando estas expresiones como si fueran una obra escrita. ¿Qué estilo literario tiene entonces el machista? De aquí podemos lanzarnos a decir que el género es una cuestión de estilo (de género literario, de retórica) y podemos incluso dejar la idea pendiente de ser extendida a muchos otros lugares.

Cuando algún conocido, hablando de mujeres, se refiere a sus propios sentimientos como algo inexistente y como algo propio del otro género, entonces no hace sino referirse a ellos de una forma velada. El machismo, al ser hablado consiste en giros, metáforas, ironías que hacen desaparecer el objeto de deseo. Como si se tratara de escritores escribiendo su propia obra, el machista construye el mundo de tal manera que cierta parte quede sin nombrar pero no por ello sin ser aludida; es literatura pura. Se puede pensar entonces que el machismo no es otra cosa que literatura. Esta puede tener poco o nada que ver con los actos. Cuando tal hombre esté con una mujer, es probable que su estilo deba cambiar. Entonces quizás deje de lado esa forma de obviar sus propios sentimientos y los placeres de la mujer para sugerirlos de otra manera. Cambiará entonces de género literario.

La consecuncia evidente es que el ataque al machismo es dificil dirigirlo si se trata de un estilo literario más que de actos. A menudo la queja contra esta actitud no apunta tanto a la llamada violencia de género sino a otras prácticas más comunes y menos violentas de ocultación. Apuntan a este estilo literario. La supremacía masculina en la historia que justifica, por ejemplo, la ausencia de mujeres en el arte, la política, y la economía, tendría más que ver con el triunfo de un género literario, de ciertos recursos retóricos que con cualquier tipo de actitud, pues esta no sería sino resultado de una visión literaria que estructura el mundo.

Entonces, ¿qué se puede hacer con esto? ¿se puede atacar un género? Mi experiencia con la literatura me ha llevado a pensar que quienes más tiempo pasan con los libros conocen los géneros en papel pero los soportan malamente en la vida. Recientemente he conocido gente apuntada a un curso de literatura y por comparación con otros de historia del arte, por ejemplo, eran mucho menos hábiles de jugar con los estilos, de crear grupos afines con él, de ocultar el objeto de deseo. Quienes participan en la literatura olvidan a menudo que esta existe fuera de los libros, y más aún, es aquí donde la toleran muy mal. Todo el ánimo a leer, debería considerar como la lectura fuera del libro.

Si son estilos y no géneros, quizás pueda pensarse en la mujer como un estilo de hablar, como cierta manera de velar, ocultar o sugerir un objeto. Los hombres hablan de la mujer de una manera, pero esta no tiene nada que ver con la forma que emplean las mujeres. Quizás sea problemático decir que una y otra perspectiva mantienen algo en común, es decir, que hay una misma mujer para ambos. Hay dos estilos y nada más. Toda similitud es una similitud entre los estilo.

El análisis se puede extender más allá del género sexual. Quizás no sólo estos sean un conjunto de tropos, un estilo retórico, también otros roles pueden definirse según esto. El padre es aquel cuya palabra no es interpretable. Sus recursos lingüísticos no juegan, por tanto, con algo oculto detrás, no tratan de crear deseo. Tratan de representar una norma y hacerla absoluta. Hay estilos para esto. Los textos científicos se aproximan al lenguaje del padre. Pero no sólo, los roles, las figuras públicas, los contextos privados, la dehinibición, el baile, los modos de comunidad, una cita, una entrevista de trabajo, un combate de boxeo y la posterior entrevista, la amistad, el matrimonio, el papel del alumno, el de un profesor, todo esto puede ser analizado en términos literarios, cada uno tiene reservado un género, ese es su límite y ello le define. Así tener un amigo es cierta forma de hablar y dejar de serlo es salirse de ella; el policía es aquel que puede pedir o mandar, el juez etc… El reto para el lector es salir del texto, el reto para quién no lee es reconocerse actuando otro texto.

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