Por amor al arte

Uno, después de una conversación con su amado puede preguntarse si aquél era auténtico, si, quizás, después de hablar con nosotros, no mantenía una pose totalmente distinta con el resto de amigos, si, quizás, su virilidad, o su delicadeza, no las mantiene después de que nuestra conversación haya terminado. ¿Es él realmente tal como yo le imagino? Los ojos del enamorado deforman la realidad, ¿merece la pena tratar de volver a ella?

En la pintura, uno recorre los museos y encuentra cuadros siempre flanqueados por etiquetas que colocan al espectador en un estado similar al del enamorado para ver el cuadro. Las palbras obran como un encantamiento que impide ver lo real del cuadro. Más aún, la totalidad del dispositivo MUSEO opera como un fábrica de prejuicios que impiden al espectador llegar a la cosa real. Cuando uno llega allí lleva puestas unas lentes bien gordas que se han construido por los sedimentos que una y otra vez han sido depositados por libros, clases del colegio, prensa, etc. Se llega al museo como se llega a una cita con el enamorado, sólo se tiene ojos para algo anterior a la propia obra de arte. Se podría decir, el arte es anterior a la obra.

Existen categorias que ordenan la percepción de la obra. Los libros y los museos están llenos de nombres de autores, fechas, nombres de ciudades, dimensiones, etc. Hay que añadir además las categorías habituales de análisis que no figuran en el letrero que acompaña al cuadro en el museo pero que son habituales en la conversación. Encontramos aquí la luz, el encuadre, la perspectiva, el tema, etc. Todo esto suena a, ¿en qué trabaja?, ¿es rubia o morena? ¿dónde vive? ¿cuantos años tiene? ¿cómo se llama?, su perspectiva, sus dimensiones, etc. Se podría establecer cierto paralelismo entre las categorías que llevan al matrimonio y las que conducen al museo. Una y otra sirven para construir el objeto y añadir cierto sobrevaloración imaginaria a lo real estúpido que a nadie le importa. Así como el enamorado no se preocupa más que por lo que imagina de su amada (y no por cómo la ven quienes no están enamorados de ella), el que va al museo se preocupa igualmente por la autoría (quién lo pintó, o como díría O. Wilde: las mujeres interesantes tienen pasado, los hombres interesantes tienen futuro; autoría del cuadro y pasado de la mujer son muy similares y producen un efecto similar). Se podría pensar lo mismo de otras muchas categorías.

Cuando un niño va al museo, a menudo está más preocupado por seguir los dibujos del marmol que hay en el suelo que por mirar a los cuadros. Las pinturas no son mucho más interesantes que cualquier otro punto al que se dirija la vista. Los niños no han recibido el sistema de categorías que les permite mirar a un cuadro, esto es amarlo. No poseen, de manera análoga, demasiado interés por el género. Aman líbremente. El adulto, sin embargo, ha sido enseñado a mirar, ha sido dotado de un sistema de prejuicios (o categorías) para apreciar los cuadros o, de manera análoga, a las mujeres, los hombres o cualquier otra cosa. Se aprende a apreciar. La experiencia estética es resultado de una enseñanza.

En el adulto, todas las categorías aprendidas chocan, sin embargo, con una ánimo a escapar de ellas. El niño sueña mientras juega porque está en un estado enamoradizo con el mundo. No ve en lo real por ningún lado; la luna parece un plátano y el sol un limón. Inventa el mundo pero no llega a verlo, se fascina porque cada cosa que percibe la percibe bajo una fuerte deformación. Crea asociaciones, relaciones inverosímiles. La riqueza de su mirada es mayor en tanto que es más libre. El adulto, por su parte, tiene las asociaciones limitadas. Hay una censura muy fuerte de modo que sólo algunas categorías son válidas mientras que otras no lo son. Finalmente hay ciertas interpretaciones que son definitivas para ver el mundo. La sexual es una de ellas.

El adulto aprende a ver el mundo según ciertas lentes, pero entonces ocurre algo crítico: aprende que sólo ve a través de lentes; quizás algún desenlace amoroso le enseñe que el mundo no es tal como lo imaginamos. EL hallazgo, sin embargo le lleva a preguntarse por lo real del mundo.. No es importante esta cuestión, pues lo real es lo idiota. ¿qué hacer con una escalera? nada mientras no haya imaginación. Lo importante es lo imaginario, es ello lo que ordena el mundo; no hay ordenación alguna fuera del mundo. Esto es Kant.

La pregunta por lo real, en el arte tiene otra formulación: ¿es un cuadro auténtico, es decir, original? La pregunta quizás importe a un comprador, pero en absoluto a un espectador. ¿quien se pregunta después de salir de un museo si las categorías con que ha visto la obra son verificables, es decir, si el cuadro fue pintado realmente en la fecha que decía la etiqueta? A nadie le importa eso. ¿A quien le importa saber si su enamorado es tal cual lo imaginas? Conocer en esta dirección es absolutament opuesto a cierto place de vivir que es vivir en la ensoñación.

EL museo es entonces un dispositivo que ordena lo imaginario. Las categorías que empleamos para analizar la obra pueden responnder a ciertas estrategias de poder, a sedimentación de hábitos, lo que sea, pero en definitiva, no hacen sino construir unas categorías comunes para la experiencia artística, apuntan a dónde hay que mirar: el cuadro. Puede que la creación de la comunidad siempre esté al servicio del poder, pero no parece tan malo que, a diferencia de los niños, compartamos ciertas categorías para ver la obra. La importancia de estas reside en que crean una perspectiva desde la cual no ver lo real. El espectador de arte debe ser alguien acostumbrado a no querer ver lo real y, en absoluto preocupado por la autencididad o la realidad de lo que ve. La obra de arte, no es más que un dispositivo en el cual ocultar lo real; es decir, un dispositivo abierto a la imaginación, ciertas prácticas que dan un marco explícito en el que ocurre el enamoramiento.

EL arte se construye en una experiencia literaria donde son las palabras (la historia que rodea al cuadro, el relato) lo que construyen la experiencia artística. Pero no sólo. Deben ser incluidas las prácticas arquitectónicas y demás que hacen posible cercar el lugar de lo imaginario. Dos cuestiones surgen entonces:

-La pregunta por la autenticidad de la obra no importa al espectador de la obra, sino al comprador. Al espectador sólo le corresponde preguntarse por la autoría en tanto que uno siempre guarda cierta cautela sobre quien puede o no persuadirle. SIempre hay cierta cautela al construir lo imaginario justamente para que esté bien construido. EL espectador que se pregunta por la veracidad de la obra no trata de saber nada sobre el autor, sino que toma ciertas cautela, como el seducido, para que la seduccion no se rompa de súbito. El desengaño, el encuentro con lo real siempre es incómodo. EL que se pregunta por la autenticidad de la autoría no hace sino asegurar que su experiencia imaginar nunca sea forzada al desengaño de lo real; aegurar la realidad de la autoría no es sino un esfuerzo por mantenerse en la ensoñación.

SI la obra de arte no importa por su autencitidad, es claro que lo que importa no está en el lienzo sino el el imaginario de quien observa.merece la pena tratar.

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Un cuadro es una imagen, pero no tiene utilidad. Un billete es también una pintura, pero tiene utilidad. En el caso del billete, su autenticidad importa por la utilidad. El arte, desligado de cualquier utilidad no se preocupa por la autenticidad. El valor del arte está dado diréctamente por su utilidad. El problema surge cuando el valor se convierte en una categoría artística, en algo que genera emoción. Parecería que el mercado y la publicidad se encargarían de gestionar lo que tiene valor. SIn embargo, el arte tiene valor y es apreciado por su valor. Un cuadro de 20 millones de euros termina por deslumbrar (como deslumbran las ropas transparentes del emperador). Un espectador no debería tener que preocuparse de la utilidad, pero cuando aparece el mercado del arte, el valor es inevitable. La obra de arte es como un billete, o bien, el billete es algo artístico. ¿Podemos mirar el dinero como una experiencia artíastica?

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