Hablar en un polvo

Dos personas follando usan el lenguaje con una soltura increible. Las palabras son reacciones a lo que atraviesa el cuerpo. Así, se convierten casi en onomatopellas. Lo que resulta dificil de hablar con dos que acaban de follar es que su interpretación del mundo es dificilmente superable. Juegan con una soltura al hablar que es como un futbolista en su día de gloria. Suelto rápido y libre. Contra eso no hay nada que hacer. El lenguaje común se muestra tosco, bruto y poco sutil, incapaz de manejar los sentimientos y los recovecos de placer con la misma soltura. Por eso a los que follan se les increpa: ante todo se trata de no permitirles hablar. Si son escuchados mostrarían lo ridículo que tiene el uso de la palabra, el corsé en el que nos metemos… y en el que permanecemos. Como insiste Nietzsche, la música y la juerga son salidas a estos esquemas rígidos. Por supuesto hay muchas salidas. Lo importante es señalar que hay salidas. No todo es lenguaje. Dos amantes dan una pista de que hay algo ahí fuera, y que cuando estamos dentro de las palabras, cabe soñar con un afuera. Eso aunque las propias palabras sugieran ese afuera al mismo tiempo que lo tapan. Es la trampa en la que se vive cuando se habla.

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