El instante eterno del buen fútbol

Lo fundamental de crear el mundo a partir de una idea, es que uno vive en soledad con su plan. Esta soledad se diferencia de quien busca el aprecio de los demás en que mientras el aplauso es un descanso de la ardua tarea de buscar reconocimiento, la idea no da tregua alguna; es infinita. Buscar realizar la idea, o tratar de hacer el juego que a uno le gusta, es una tarea solitaria e interminable. No está el descanso del aplauso de los otros, ni la celebración. Es la obra laboriosa del obrero que nunca termina. Bepo, el barrendero de la historia interminable tiene calles enteras que barrer, pero se ciñe a lo que tiene a sus pies y se entrega continuamente con dedicación. Entregarse a la idea es vivir el instante como si fuera una eternidad. Quien persigue su juego no tiene descanso, no existe esa celebración que nos saca del tiempo como si entraramos en un tiempo sagrado. Para el buen jugador, la vida consiste en vivirla de tal forma que estuviera dispuesto a vivirla de la misma forma durante toda la eternidad. El problema de esta dedicación estética es que no hay descanso. Uno se entrega a su obra como si lo que fuera a repetirlo una y otra vez durante toda la eternidad. es el eterno retorno del buen juego. No hay descanso para el buen jugador.

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