Cuando me desperté, las palabras todavía seguían allí

Birlanga decía, el problema al despertarse no es qué hice anoche, sino, qué estoy haciendo ahora. Y es así, efectívamente. Despertarse es entrar en las palabras, mientras que uno cuando duerme o cuando sale de fiesta está entregado a una creación del mundo impulsiva o está excitado por la música. Por la mañana, sin embargo, uno tiene que entrar en la palabra. La sensación es parecida a esas rampas planas que hay en los aeropuertos que desplazan a uno más rápido por los pasillos, cuando llega al final tiene que volver a ese paso tan lento de las piernas.

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