De la pulsión a la intersubjetividad: el problema de la belleza en el fútbol

El problema más importante del fútbol es la cuestión de cómo construir un equipo, es decir, cómo hacer que sus jugadores prefieran pasarse la pelota antes que jugarla solos. Hay una pulsión de conservación en el fútbol que llega a buscar la propia salvación con goles, con regates, etc. Cada vez que uno se sale del espacio social es posible volver mediante ciertos ritos. Cuando uno se embarca en la pulsión, por ejemplo, un hombre que se va con una mujer en medio de la noche, es aplaudido por sus compañeros cuando vuelve. Así se produce la reincorporación en el espacio social. En el fútbol hay otras pulsiones que no son las eróticas, y al caer en ellas, uno puede tratar de buscar el reconocimiento, el aplauso o el rito que lo reincorpore en el equipo. Pero quien sigue la pulsión, no juega en el equipo. Simplemente opera pulsionalmente cuando le llega su turno (cuando tiene que cubrir a un contrario, cuando tiene que correr a por un balón, cuando tiene que hacer un regate, etc) y busca en la jugada terminar en ese rito. Es como una serie de intensidades crecientes: viene el momento y uno se carga pulsionalmente y busca lograr el rito que le reincorpore en el equipo. Operar pulsionalmente sigue un esquema de conservación. La pulsión viene a solucionar el aprieto en el que se siente el jugador cuando le llega la intensidad y trata de que ese operar le lleve a algún punto en el que sea reconocido por el grupo.

El problema es que en este esquema pulsional que uno sigue no hay intersubjetividad en ningún momento. Hay determinadas jugadas que ponen al jugador en un aprieto y entonces apela a su pulsión como un instinto de conservación. No se apela, sin embargo, al compañero, más aún, no existe. Mientras hay pulsión, no hay equipo. Podemos reconocer a quienes actúan así porque son chupones, porque no ven la jugada, porque no saben jugar fácil ya que están demasiado obcecados por la pulsión que los dirige ciegamente hacia su meta. Son jugadores que no ven el fútbol. Están en el campo pero haciendo cosas que desentonan. Suelen estar atentos en detalles que no son relevantes para la jugada del conjunto. Algunos, por ejemplo, prestan una atención extrema a la organización y no se dan cuenta que hacen esquemas demasiado férreos para jugar. El jugador pulsional está fuera de lugar porque no ha reconocido a sus compañeros, es un jugador que no ha domado sus pulsiones o que no sabe reconocer que hay otros compañeros que son como él.

Schopenhauer habla en algún momento de cómo uno se da cuenta de que no está sólo en el mundo y que hay otros cómo él. Este es el mayor problema del fútbol y no es un problema distinto del que recorre las relaciones sociales y políticas del mundo. ¿Cómo darse cuenta de que hay otros como tú?. Es evidente que existen diferentes, pero, ¿cómo establecer algo común con los demás?, ¿cómo construir una intersubjetividad?

El fúbol tiene una cuestión que facilita esto: ya hay una demanda por parte de quienes van a jugar. Buscan algo, esperan algo. Lo que sea, pero esa búsqueda es un anzuelo por el que meterles en el esquema. Su deseo de jugar (sea como sea que quieran jugar) es una trampa por la que hacerles jugar.

Acabo de leer en Humano demasiado humano que la timidez de algunos puede resolverse animándoles. Es cierto, eso funciona. La timidez a menudo es la que lleva a confiar en la pulsión para ser sacado de cada aprieto en las jugadas. Así, uno prefiere confiar en sí mismo que en los jugadores que juegan con él, para él, para resolver la jugada. Lo normal es que cuando te vienen tres contrarios, uno no resuelva sólo la jugada si no se apoya en sus compañeros. La pulsión no suele ser suficiente para salir airoso.

Yo he intentado varias fórmulas para calmar esa pulsión. La más interesante de las que han fracasado ha consistido en mantenerme aislado pero tratando de calmar mis nervios como cuando uno ve un a película. Es cierto, suena a estúpido, pero no tenía la fórmula. Si no sigues leyendo hasta la siguiente propuesta, puedes intentar pensar un fórmula y darte cuenta que cuando no salen las cosas solas pensarlas no es tan fácil, pero no hay mucho más que hacer. Nietzsche dice que el hombre inteligente es más listo pero que con todo su esfuerzo no consigue llegar a lo que el hombre bueno hace intuitivamente. La inteligencia parece poco práctica.. o simpemente, como todo, se equivoca.. pero también aprende y mejora. La cuestión de Schopenhauer era cómo calmar la pulsión. Y pensé que cómo dice él, la experiencia ante un cuadro es una experiencia no pulsional, uno está libre de la rueda de los deseos. Pensé que interpretar el fútbol estéticamente podía ser una opción. Sin embargo hay un problema, uno no conseguía entrar en el partido. Necesitaba entonces apelar a la pulsión para entrar. Al final no servía.

Como dice Nietzsche, el hombre es un artista cuando sueña y crea sus imágenes, pero cuando se emborracha, uno es su propia obra de arte. En el fútbol hay algo parecido a la borrachera. Uno puede llegar a ser su propia obra de arte. Pero esto consiste en dejar de ser pulsional y entrar en la intersubjetividad. Entonces uno vive como entre amigos. Aristóteles dice que entre amigos no son necesarias las leyes. Lo mismo en un equipo donde hay intersubjetividad: todo sale solo.

¿Cómo construir pues la intersubjetividad?. Se me puede decir que siempre me vuelvo a lo mismo, pero no hay más. Seré muy breve al respecto: cediéndole el protagonismo a la palabra. Es el espacio en el que se pueden exponer las pasiones de los otros, las obsesiones, los deseos y todas las jugadas que de otra forma se resuelven pulsionalmente. La palabra es el espacio de la intersubjetividad, un expositor donde cada uno pone lo suyo y donde esas cuestiones son resueltas entre todos. La palabra es como un museo que permite exponer las partes de todos para que sean vistas por todos. SIgnifica sin embargo un cambio importante: no estoy yo sólo, no voy a resolver yo sólo mi vida. Se confía en el otro, uno se pone en manos del otro. Es cierto: uno entrega el balón al otro. No lo hace como un cálculo utilitarista, es decir, la paso porque me la pasarán. La amistad no tiene este tipo de cálculo. Uno hace su parte y esto le conduce a buscar otra cosa nueva y otra y otra. En ningún momento se espera nada del otro. En este modelo intersubjetivo hay más placer en dar que en tomar. Cuando uno no recibe nada a cambio, se cansa, pero no porque no ha recibido, sino porque la obra general ha dejado de ser bella. EL problema del fútbol en definitiva es un problema de belleza. Alimentarla supone ceder a lo propio. Uno se abandona para recuperarse bellamente. Entonces, cuidar de sí mismo se convierte en algo tan aburrido como cocinar para comer sólo.

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Una respuesta to “De la pulsión a la intersubjetividad: el problema de la belleza en el fútbol”

  1. Anónimo Says:

    chupas verga marikones lokas

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