La inteligencia del cuerpo helado

En Klossowski, Nietzsche y el circulo vicioso, hay una propuesta interesante: devolver al cuerpo su inteligencia. La cuestión consiste en recuperar la vivencia de ciertos impulsos. Pero con ello no pretendernos convertirnos en el bobo que sigue ciegamente su pulsión sexual y se queda en medio de la fiesta mirando callado (tímido dirán unos, pero Freud nos avisa, más bien es un salido: la pulsicón es muda) a la persona que ha provocado su excitación. Se trata de acceder a la pulsión sin perder la lucidez. Salir de la conciencia pero sin convertirse en un bobo

El cerebro habría aparecido en el cuerpo como un lugar de paso de estímulos. Una centralita que permite la organización de respuestas a un medio externo hostil. Pero en algún momento este cerebro habría empezado a defenderse no sólo del exterior (del dolor provocado por lo que está fuera) sino también de ciertos impulsos del interior, esto es, de su propio cuerpo. En este momento aparece la conciencia. Su inteligencia se opone a los estimulos del cuerpo que no están de su lado. Es decir, se defiende de lo exterior, pero su guerra también va contra ciertos estímulos interiores. Uno lucha no sólo contra el pesado de turno que lo molesta, sino contra cierta pulsión que aparece en un momento inapropiado, es decir, contra su propio cuerpo. En el camarote del tren en la película Con faldas y a lo loco, tenemos a la concienca de Jack Lemmon luchando contra una de sus pulsiones que trata de aparecer en escena. Su conciencia trata de acallar esta pulsión a la desesperada.

La cuestión es entonces: tiene que ser posible alcanzar una inteligencia que no emerja del bloqueo de los impulsos; una inteligencia corporal que no deba pasar el examen de la conciencia pero que al mismo tiempo mantenga la lucidez. ¿Cómo volver a una inteligencia corporal? En Ecce Homo Nietzsche da pistas sobre cómo hacer esto en relación a la comida. Por ejemplo, una taza de té demasiado fuerte o demasiado suave arruinan el día. Uno puede hacer la prueba, cuando su cuerpo es vigoroso tiene una inteligencia, una visión privilegiada que no suele tener según la conciencia. El vigor del cuerpo nos hace un poquito más inteligentes. Por tanto, según como uno trate a su propio cuerpo conseguirá alcanzar una cierta lucidez que su conciencia le habría arruinado. La conciencia no siempre está del lado de la lucidez. Esto parece extraño, ¿por qué la conciencia no iba a querernos lúcidos? Precisamente porque surge como bloquéo de cierta inteligencia corporal. El proyecto es entonces más claro. ¿Cómo pensar con el cuerpo? Es decir, ¿como mantener el vigor del cuerpo?. Uno debe conocer el fino camino en el cual su cuerpo se siente cómodo. A veces, mantenerse en esta medida supone ir contra la conciencia. Es posible que la conciencia se resista a las prácticas que hacen vigoroso al cuerpo. El vigor del cuerpo, la inteligencia corporal, a veces exige pasar por encima de la conciencia. ¿Un ejemplo? Una ducha de agua helada. Creo que no hay nada que la conciencia deteste más que una ducha fria. Y sin embargo, ¡qué vigoroso se vuelve el cuerpo! Las cosas se vuelven, mientras dura el frio del agua, un poco más claras.

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Una respuesta to “La inteligencia del cuerpo helado”

  1. laurachacon Says:

    Sin duda el título es estremecedoramente cierto.

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