Schopenhauer, give me a break!

En su libro, El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer nos presenta la vida como una interminable persecución del deseo. No hay descanso: como burros perseguimos una zanahoria que nunca alcanzamos. Se suceden los objetos que queremos, pero el querer no acaba nunca. Schopenhauer nos remite a un momento en la que, sin embargo, encontramos un descanso: la experiencia estética. Cuando por ejemplo estamos viendo un cuadro, hay una tregua. Sea lo que sea lo que pasa por la cabeza, hay un descanso, un kit-kat. Si te fijas en los espectadores de un museo, puedes ver que se quedan minutos y minutos suspendidos con la mirada muy lejana, los brazos relajados, el cuerpo casi suspendido; no hay ninguna tensión que les recorra, su cabeza está en otro mundo, no hay rastro de esa angustia que aparece cuando tenemos algo que queremos alcanzar: no tienen deseo.

¿Cómo explica este fenómeno Schopenhauer? Pues bien, en el mundo reconocemos reglas que rigen lo que a partir de Kant se llaman fenómenos (más o menos, podemos decir, todo lo que vemos -el mundo tal como lo vemos-). Esta ley de la causalidad tiene cuatro formas distintas dependiendo el ámbito en el que la reconocemos. En las matemáticas opera de una forma pero en el comportamiento impera de otra. Esto quiere decir que es tan irremediable que dos y dos sumen cuatro como que a cierto estímulo se vaya a reaccionar de una forma determinada. Es más fácil ver esto al mirar al pasado que al futuro: cuando recomponemos nuestra historia, vemos como las decisiones que tomamos fueron irremediables; no podríamos haber actuado de otra forma. Así pues, la motivación, esto es, el deseo, rige nuestra acción. En el arte, sin embargo, ocurre algo distinto. Dice Schpenhauer, no impera en la experiencia estética el principio de causalidad. Con ello quiere decir que no hay deseo. En el arte contemplamos una cosa distinta de lo que contemplamos en el resto de la vida: Schopenhauer lo llama Ideas Platónicas. La diferencia es que en ellas no opera el principio de causalidad y por lo tanto, tampoco su forma en la motivación, esto es, no hay deseo. Así Schpenhauer ve en el arte una escapatoria al deseo.

Comprender qué son estas Ideas es algo intuitivo. A simple vista no se diferencian demasiado de los conceptos. Schopenhauer nos da ejemplos de Ideas. Van desde el teorema de pitágoras hasta la arquitectura pasando por todas las artes; hay incluso Ideas detrás de la personalidad de cada uno. Estas cuestiones no son sino representaciones de estas Ideas. La arquitectura, por ejemplo, representa la Idea de solidez. Es poco intuitivo aquí, pero si lo pensamos en un cuadro quizás sea pueda ser más fácil. No es claro que estas Ideas sean algo distinto de un concepto. Sin embargo, podemos diferenciarlas por una cuestión: cuando las descubrimos, el deseo se queda a un lado.

Nietzsche, en su libro, La genealogía de la moral, orienta esta huida del deseo que Schopenhauer sigue en el arte. ¿De qué huye Shopenhauer en la esperiencia estética? Nietzsche entiende que de la pulsión sexual. Para Schopenhauer la voluntad es más fuerte en los genitales que en ninguna otra parte. Parece que los impulsos sexuales debieron torturar al filósofo alemán; en el arte encontró, sin embargo, un descanso de esta rueda de la tortura. Para quien no tenga claro esto, basta con ir al cine, a algún museo para descubrir como mientras permanece en la contemplación de la obra, su líbido deja de torturar. Es una forma más de tratar con esto que podemos llamar impulso sexual.

Pero la propuesta más interesante, tiene que ver con buscar estas Ideas Platónicas en la vida cotidiana. No sólo en los cuadros sino tambíen en aquellas personas con las que tratamos. Su imagen, su personalidad,etc, detrás de todo hay una Idea Platónica. Consiste entonces en buscar en las personas algo así como esencias de varios tipos. Habría que hacer una lista con todo aquello de lo cual podemos encontrar una Idea Platónica (buscaremos qué dice Schopenhauer y estaremos atentos a nuestra propia experiencia). No se trata. por tanto, de dejar de desear sino de tramitar el deseo bajo alguna forma. Aunque en rigor la propuesta de Schopenhauer el deseo está excluido de las Ideas, (es decir, estrictamente no hay deseo en la experiencia estética) creo que es posible hablar de algún tipo de afinidad hacia las ideas. La clave quizás sea la siguiente: al contemplar estas ideas uno deja de reconocerse como sujeto deseante; por tanto, no las persigue, no las siente como una falta, en definitiva, no sufre por su ausencia. Podemos prestar atención a la cita de Picasso: yo no busco, encuentro. El que desea busca, el que contempla Ideas, sólo encuentra.

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