el cuerpo divino

El sexo, practicado desde la pertenencia a una comunidad, tiene sus
reglas, sus tiempos, sus roles, etc. Parece que el arrebato, el aquí
te pillo aquí te mato, aunque es posible, no es la lógica habitual.
Hay un proceder para que los cuerpos puedan tratar entre sí. Hay unas
pautas para mantener a los cuerpos en su lugar, para que no se
extiendan al resto del tiempo. Los cuerpos deben permanecer en el
tiempo de los cuerpos. El día está organizado y al cuerpo se le
reserva unos instantes. Durante el resto del tiempo no se puede ser
cuerpo. Sacar al cuerpo de ese horario tiene el peligro de contaminar
todo lo demás. El cuerpo debe ser tratado como un sacrificio. Hay un
ritual: se sale, se bebe, se distorsiona el discurso, se permiten
excesos de dominio en estrategias de persuasión y entonces, ya se
deja al cuerpo aparecer. Como si fuera algo sagrado, el cuerpo sólo
puede ser tratado cuando se han instaurado las medidas preventivas
necesarias. Uno investido como sacerdote de su propio cuerpo, puede
ganar cierta distancia para tratar con él. Es necesario poder escapar
del cuerpo, poder poner fin a esa lógica del deseo. La tradición
colabora a fundar estos límites.

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