despertar

paso de soñar, que es conocer y estar en contacto con la voluntad, a
hablar, que es dominar. Al perder todo contenido, el signo
lingüístico se convierte en un surco que inscribimos en el otro para
dominarle. Y eso me causa culpa. Para despertar hay que estar
preparado a dominar a diestro y siniestro. Eso es andar por la calle.
Y a mi me genera algo de culpa. Pero tampoco hay mucho que
lamentarse. Todos estamos en la palabra y no hay más alternativa. Así
pues, todos tenemos que dominarnos unos a otros. no hay más
alternativa. Y sin embargo, cuando estoy en la cama soñando, esto no
ocurre, esta obligación no existe. La salida del sueño es la salida
de cierto paraiso y la entrada en la guerra. Lo único es que hay que
aprender a disfrutar de la guerra.

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